Mujeres de la vida alegre, de la escritora Ligia Minaya: Desarticulación del discurso masculino , en las voces femeninas que protagonizan sus cuentos .
La escritura femenina es una que se refiere a textos escritos por mujeres, desde la experiencia de una voz femenina. Aquellas, que recorren el camino de las vidas inventadas, que se filtran detrás del hablante o narrador.
Según el caso, la narradora podría ser en primera persona o como en la mayoría de los cuentos que estudiaremos aquí, utiliza la voz de un narrador testigo, cómplice, omnisciente (narrador en tercera persona).
En Mujeres de la vida alegre, de la escritora dominicana Ligia Minaya, cada uno de los personajes plantea la necesidad de recrear sus vivencias en las mujeres que la encarna y contar sus historias de amor, pasión o desengaño desde la propia mirada. Rompiendo con los patrones que han sido construidos por ellas y su entorno en su trayectoria de vida. Desde la familia, la sociedad hasta los temores masculinos a los que ha estado de alguna manera expuesta.
Ligia Minaya, es una escritora dominicana que centraliza su diatriba discursiva desde lo que entendemos como “lo femenino”. Con ello no quiero insertarla desde ya. en el tema que corresponde a la mujer, desde la perspectiva feminista de los años setenta u ochenta. Más bien, deseo ubicarla en el discurso que se interesa por despertar la conciencia de la mujer, como un intento en descubrirnos, saber quienes verdaderamente somos. Como sujetos pensantes
En esta sociedad en la que todavía parece ser que las mujeres no tenemos voz.
A Minaya se le conoce en el ámbito de las letras desde el año 1998. Ha ganado varios premios, entre ellos dos galardones simultáneos en el Concurso de Cuentos de “Casa de Teatro” y otros honores muy bien merecidos por su trabajo literario.
Nació en Moca, es abogada de profesión y ha desempeñado cargos en su carrera, como abogada en su país de origen. Además, mantiene una columna en el Diario Libre donde escribe artículos de compromiso social y temas de actualidad.
Por otro lado, vale decir, que Minaya es una escritora prolífica, en cuanto a la cantidad de novelas que ha escrito y otros géneros, como el cuento y el ensayo. Entre sus libros podemos mencionar: “Palabras de mujer “(1997), “Cuando me asalta el recuerdo de ti” (2003) “El callejón de las flores” (2004), “Mi corazón tiembla en la sombra” (2007),“Mujeres de la vida alegre, (2009) “Si cayese la ausencia” (2011), “Mariposa de arena” (2012) entre otras.
La escritura de Minaya es una, que va más allá del erotismo, no como se le ha querido encasillar. Es una, que denota el buen manejo y el conocimiento del género literario que sea objeto.
Este texto que estudiaremos pertenece al cuento. Su discurso además reafirma el compromiso con la sociedad dominicana. Una sociedad donde todavía quedan rezagos machistas. Como se puede observar en los cuentos y novelas de la autora, en los cuales la sociedad margina a la mujer que está sola (sin la compañía de un hombre) y provoca que ella se preocupe, se sienta desdichada frustrada e incompleta.
Los relatos de Minaya se insertan en historias breves, argumentadas, sencillas y fácilmente comprensibles, bajo las que subyacen ejemplos de gran complejidad humana de esta era; soledad, incomprensión, relaciones difíciles o imposibles, carencias y complejos etc. El nexo común de estos relatos, además del escenario es el encuentro entre personajes de cultura y nacionalidades similares, aunque entre los personajes, muchas de ellas proceden de extractos sociales diferentes.
En los relatos de Minaya, la mujer desarticula el discurso de poder del macho, dibujando la escritura de la otredad como resistencia. Su propósito es desarmar las estructuras del espacio, poder que sostienen las diferencias sexuales.
La autora, a través de las voces y las reflexiones que se cuelan en sus relatos, nos muestras la manera en que piensan sus personajes, que no son más que ecos de la sociedad en la que ha vivido toda su vida. Se trata de un grupo reducido de mujeres que se atreven a enfrentarse a la sociedad desafiando los cánones que gobiernan, atreviéndose a ser ellas mismas.
No queda duda que en los textos de esta autora se filtra el discurso erótico y sensual, situaciones que Minaya plantea con seriedad. Aunque se cuelen en el texto, segmentos de humor en los diálogos de los mundos de cada uno de estos personajes.
En el primero de los cuentos; “El último bolero que bailé contigo”, el personaje dialoga consigo mismo, mientras en la puerta de la casa se abanica con un pañuelo. En sus mundos internos el personaje recrea un pasaje de su vida. Esteban su último amante se había marchado sin decir si quiera adiós:
“He tenido tres esposos, varios maridos, muchos amantes, amigos de siempre y furtivos, algunos dejaron una huella perfumad , que saco del baúl de los recuerdos cuando en soledad me amenazan los fantasmas.[…] otros, los menos, de los que solo guardo un último dolor llamado olvido, no le recuerdo ni en los momentos más ingratos.
Con Esteban aprendí, que siempre que creemos puede ser un breve instante, que la eternidad es un intenso y estremecido andar de enamorados o simplemente el silencio apacible de un después.
Si observamos con atención el texto antes citado, la mujer se comporta con el pensamiento del hombre, quien le ha enseñado a ser práctica en el amor y no aferrarse a ilusiones que son las que provocan dolor en el alma. Minaya, en un tono que va desde el humor a lo serio, nos deja en este discurso una reflexión final a través del personaje.
[...] por él aprendí la espera y la impaciencia a retener el paso ligero y la palabra inmediata. […] En él, supe del deseo que arrebata la cordura, arrastra la cordura y nos rescata del vacío […] Con Esteban fui yo misma y otra vez volví a mí misma, y me repartí conmigo misma y con esa otra que a veces soy yo y esas otras que también soy yo y son para mí desconocidas (14)
Ella, la protagonista de este cuento, se reaprende, se hace sabia, recoge su poder y aprende a conocerse, a saber, ser ella misma, a aceptar derrotas y vivir plenamente su sexualidad. En otras palabras, aprende a ser una mujer libre:
“Gozamos cada instante como si fuera el último. En la cocina en el baño, sobre la mesa y debajo de las sábanas, sobre ellas […] Tarde o temprano se iría. Lo sabía yo, no él que me juraba amor eterno. ¡Si otros se habían ido […]! Y se fue Esteban. Para él, el último. No para mí, que espero a otro Esteban para seguir bailando”.
El narrador, en algunos cuentos se expresa en primera persona y en otras se proyectan diferentes voces que fluyen de la voz del hablante omnisciente. El mismo es testigo de todo lo que ocurre a los personajes en el cuento, siempre guardando distancia. Ella, la que observa es una voz femenina, que parece conocer al personaje en todas sus vertientes; conoce su moral y la sexualidad, hasta la forma en que es cada uno de ellos. Esta voz aparenta ser una voz inocente, pero con picardía y perspicacia dialoga sobre los personajes a los cuales parece conocer hasta los más íntimos detalles de su intimidad.
Uno de los méritos del discurso narrativo en el texto de Minaya reside en el lenguaje espontáneo, rico en expresiones de lo cotidiano, coloquialismos impregnado de un decir de doble sentido, juegos de palabras. Como podemos apreciar en el cuento Te amaré toda la vida, palabras que corresponden a la de un bolero:
[…] sin embargo, su figura había conservado la cintura de avispa y la sangre alegre.También permanecía en el cuerpo un movimiento al caminar que le hacía coqueta sin quererlo, sandunguera y una mirada de mariposa en vuelo que no lograba ocultar ni bajo el solemne pestañear de unos ojos negros y profundos, que gritaban de voz en cuello lo que había dentro de sí misma.
[…] al principio él trató de complacerla en el baile, en el cine, pero poco a poco con el tiempo volvió, a su rendir empedrado y bienzillo de lecturas por las noches y paseos por las tardes, bastón en mano de negocios con clientes remilgones y de una caída en la entrepierna que acabó en habitaciones separadas ( Minaya: 48).
Una de las características de la prosa de Minaya que más llama la atención es su capacidad de invención, proyectada a través de la hablante; el humor, la exageración y la picardía, con la que dialoga en el texto con el receptor. Estrategia, en la que involucra al receptor como cómplice de todos los chismes y peculiaridades que ocurren en el cuento (49).
De otra parte, debemos destacar, que la nueva identidad femenina que construye Minaya es una, capaz de transgredir el discurso tradicional de la naturaleza de la mujer, como ser para otros, y propone construcciones identitarias que rompen con la dependencia del hombre.
Uno de los detalles que se perciben en el texto de Mujeres de la vida alegre, a la luz de los discursos de los personajes es, que la feminidad y la masculinidad son identidades impuestas culturalmente y se asumen como un mandato natural a través de un proceso de socialización.
El erotismo se puede apreciar, en los mundos de los personajes que discurren, en los textos del cuento que estudiamos. Pero Minaya no es una advenediza, su escritura tiene un propósito definido, el cual es dirigido hacia la reivindicación de la mujer. Es decir, que ella es una escritora que plantea en sus textos el tema de la transgresión, como recurso para desmitificar al machismo y reivindicar el espacio de la mujer en la sociedad patriarcal, a la que ha sido sometida durante siglos.
Como sucede en el cuento “Háblame de ti”. Se trata de una mujer misteriosa que llega a un pequeño pueblo y coloca un letrero en la casita que renta. Tiene el propósito de atraer gente a su negocio. De manera, que lo hace para invitar a los parroquianos a que la visiten, a que le cuenten sus problemas, los cuales ella escucha, pero no le sugiere ni les ofrece consejos, solo está dispuesta a consolarlos.
Sin embargo, sabemos luego, que ella tiene un pasado que nadie en el pueblo conoce y es que en su vida existe un hombre, el que la había abandonado. Luego de los años llega a la casita y con la llegada del hombre se trastoca todo el pueblo ante el escándalo:
Vino cansado. Como si cargara un pesado desengaño que le atara de pies y manos, el pelo cenizo, los huesos que le pesaban al caminar, envejecido, la ropa ajada y una desolación en la mirada. No dijo palabra ni pregunté siquiera. Entró en la casa con ese andar de perro manso que tienen los hombres arrepentidos, y se instaló en la hamaca que se balanceaba bajo la brisa de un noble roble donde durmió un largo y fragoso sueño. Luego con el amor rezagado que había guardado por muchos años la tomó en sus brazos y le dio un beso ( 63).
El humor, como he mencionado antes es un elemento inherente, a la capacidad creativa de Minaya, tal y como lo podemos ver en el texto referido. Desde el título nos transporta a las mujeres y las historias que se cuentan. De primera intensión pensamos, que corresponden a mujeres prostitutas ,“las vendedoras de placeres”, Pero nos equivocamos, pues no es tal cosa lo que encontramos al leer estas historias. Se trata como bien apunta la autora, de mujeres felices de ser como quieren ser, sin importarle los juicios que de ella se forme la sociedad. Mujeres que viven plenamente su sexualidad y disfrutan abiertamente de su cuerpo y de sus sentires sin tabúes.
Algunas lo hacen de una forma hiperbólica y descarnada, pero al leerlas terminamos identificándonos con la mayoría de ellas. Son mujeres como cualquiera de nosotras, que aparentamos normales o como pensamos por condicionamiento, por lo que cual la sociedad espera que ella, la mujer deba ser según las normas del comportamiento femenino.
Existen los parámetros establecidos de como debe ser el comportamiento de una fémina frente a la sociedad. Sin embargo, habita en cada una de nosotras, en lo más profundo de nuestro interior ese volcán de pasión, ese desenfreno del libido, que juzgamos mal en las mujeres de los cuentos. Con la diferencia que vivimos atadas al que dirán, a los juicios del afuera. Aunque quisiéramos ser atrevidas como las mujeres alegres de los cuentos de Minaya.
De otra parte, la escritora maneja los asuntos existenciales en la conciencia de cada mujer, a través de reflexiones e ironías de las voces que pueblan sus cuentos:
[…] El se empeñaba en decir que era muy macho y cada vez que su mujer salía preñada el hacía una fiesta de apaga y vámonos […] Lo que nunca se supo fue, en que momento se enteró de que esas niñas no eran suyas.
Los cuentos de Ligia Minaya llevan por títulos las letras de boleros de los años 50. Nos acercaremos a esas instancias. Entre ellas el uso del bolero como elemento recurrente que discurre en el texto, como parte del diálogo a manera de contra-canto de una voz que interfiere en el texto narrativo con intertextos de letras, de esas canciones.
El bolero es de alguna manera, una actitud de reivindicación social; es, en palabras de Iris Zavala, uno, contra la sociedad regida por Eros (Zavala 2000). El bolero nos va a hablar de la relación de pareja, pero no de la relación clásica o políticamente correcta. El poder amoroso se convertirá en poder social y este, se va a presentar en forma de seducción: las mujeres en su propia voz o en la ajena, van a ser las maestras.
En el bolero no hay heridas abiertas, que no sean provocadas por el deseo frustrado. Es siempre una celebración del amor; como se puede ver en la mayoría de los cuentos de la autora.
En las historia s de Mujeres de vida alegre, Minaya utiliza la ironía para representar las contradicciones de la identidad de la mujer y esto, se aprecia desde el título. Tomando además como ya hemos comentado, el bolero como contra discurso de los personajes mujeres de estos cuentos.
En estos cuentos, las mujeres se convierten en protagonistas absolutas de las historias (los hombres existen porque solo son citados por las mujeres y estos, aparecen sólo cuando se trata de resaltar el erotismo y lo lúdico. Además, muchos de los hombres de estos cuentos los deconstruye en su rol de “Macharran” para degradarlo, como es el caso del cuento “Mujer falaz impostora de cariño” :
Doña Eufrasia, despertó sobresaltada al oír que su marido la insultaba.
[…] Gaudenio Portorreal era ya viejo cuando se casó con ella. Sesenta, él que aparentaba cuarenta, y ella no más de veinte. […] se convirtió en un amargado que le impidió que visitara a sus amigas. que usara mangas cortas, ropa entallada, que se pintara los labios y se soltara la melena. Ella fue fiel a su manera ( Minaya: 76).
No hay en este conjunto de historias, diferencia en el papel que asume la mujer frente al erotismo. No hay diferencia en el trato entre putas y damas, las cuales se unen para desenmascarar la misma condición en pensamiento. Las prostitutas y damas viven en realidad, una misma condición de inferioridad, determinada por su pertenencia al sexo femenino.
Así vemos, desde la prostituta “Susana Abreu”, con su cara cortada; la virgen en el cuento “Olor a santidad” y la mujer Eufrasia, la dama rica. Todas y cada una de ellas reflejan una misma actitud hacia la vida. Son mujeres alegres, que se enfrentan a su devenir con dignidad y respeto a sí mismas.




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